Muchas veces la falta de tiempo y, a veces, de ganas nos obliga a dejar de lado una de las partes más esenciales del entrenamiento. Se habla del calentamiento e, incluso, del enfriamiento para evitar lesiones. En la parte práctica del entrenamiento estos conceptos son esenciales, casi tanto como la buena ejecución de los ejercicios. De una forma u otra, estos términos están presentes en la mente del deportista.

Sin embargo, antes incluso del calentamiento, en el entrenamiento existe una gran olvidada, que es la planificación. Los amantes del control la recordarán. Aunque no todos la lleven a cabo con total precisión ya que no basta con recordar los ejercicios y repeticiones que se van a llevar a cabo. La memoria a veces es olvidadiza y no podemos dejar de lado el conocimiento y el control del cuerpo y la constancia a la hora de trabajarlo.

Y es que al contrario de lo que muchos puedan llegara creer, hacer ejercicio también tiene su parte teórica y para eso es necesario conocer el cuerpo, nuestras limitaciones y el tiempo del que disponemos. 

La planificación es la base del proceso del entrenamiento. Este ejercicio, alejado del esfuerzo físico y encasillado en papel y bolígrafo comprende el estudio de la alimentación, suplementación, pruebas de valoración, analíticas, estilo de vida, medios y descanso. Todo esto unido al análisis de las características personales de cada deportista, modalidad de práctica, categoría, edad de maduración o modelo de periodización, convierten a la planificación en una ardua tarea, muchas veces superditada al tiempo del que se dispone.

«Si no tengo tiempo para entrenar, ¿cómo vamos a planificar el entrenamiento más allá del número de repeticiones y el tipo de ejercicios?». Esta es la respuesta más recurrente y, quizá, la más lógica. El proceso de planificación requiere horas de estudio y también calendarizar cada movimiento contemplando viajes, fechas importantes y momentos de la temporada en los que se pueda entrenar más o menos. Pero este tipo de seguimiento tan exhaustivo y complejo debe aplicarse a cualquier persona que practique deporte, independientemente de su categoría, edad o género ya que dará lugar a una actividad física mucho más productiva y permitirá alcanzar nuestros objetivos de forma escalonada y rápida.

Conviene organizar el entrenamiento con cada cambio de ciclo. Una temporada, un año o quizá por meses. Lo importante es parar el cronómetro para cumplir con este proceso. En este sentido, la temporada se organiza en fases o mesociclos, esto es, espacios de trabajo para el entrenamiento de capacidades físicas concretas.

Todo entrenamiento debe tener una lógica y un porqué. Esa necesidad de dar respuesta a nuestra actividad física nos obliga a llevar un control muy exhaustivo de lo que necesitamos y de lo que no. Una pasión controlada, una locura planificada nos permitirá evitar sustos y disfrutar mucho más de lo que nos gusta.

 

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