Comenzaremos este artículo con un dato significativo sobre la productividad y es que, si profundizamos un poco en el tema, la mayoría de las personas no se para a valorar lo importante de una buena planificación y de una correcta cultura deportiva. Para casi todos ellos, el tiempo es el principal problema. Tenemos que intentar hacer las cosas de manera que sumen beneficios positivos en nuestros días y que, de una forma u otra, nos generen unos hábitos que podamos transmitir a nuestros hijos, familiares, amigos y mayor cantidad de personas posibles.

Este es un bonito ejemplo de por qué es bueno, y prácticamente obligatorio hacer actividad física dentro del núcleo familiar. Esto podría pasar en una clase cualquiera de un colegio cualquiera:

Seño, de mayor quiero ser corredor, como papá y mamá. 

– Pero… eso no es un trabajo, es un hobby. 

– Te equivocas, seño. Es mucho más que eso. Es todo un estilo de vida. Mis padres me llevan fuera a visitar pueblos y ciudades cada dos o tres fines de semana. Cuando salimos siempre nos encontramos a otros niños, amigos y compañeros de carreras. También conocemos a personas maravillosas, gente sana y feliz que se encuentran, generalmente, motivados y deseosos de salir con el pistoletazo de salida. Mi padre dice que es la motivación que te da el dorsal, que tiene poderes mágicos. Ya de pequeño iba en el carrito y disfrutaba de los paisajes y lugares donde corríamos mientras estaba recostado sobre mi silla. Recuerdo que tenía tres ruedas altas y, aunque no era el último modelo para runners, se desenvolvía bastante bien. A mí me encantaba ir en ella y pasar tiempo con mi madre. Lo cierto es que al tiempo comprendí que me utilizaba para correr con lastre y hacer fuerza. Con el perro que tenemos hacen lo mismo. Es muy nervioso y les obliga a realizar continuos entrenamientos casi a diario. Mi mamá era la mejor, ya que no me tambaleaba mucho, y rodábamos más tranquilos. Ella disfrutaba del momento y, aunque no era competitiva, siempre buscaba superarse e intentaba buscar un hueco en la agenda para hacer ejercicio. De ella aprendí que el que quiere puede, que no hay excusas en el día, que siempre se puede sacar un rato de 30 o 40 minutos para dedicártelos a ti mismo; a tu «mejor versión», como suelen decir. Dice que el deporte es el mejor medio para liberar estrés ya que este libera endorfinas y esas reacciones dicen que te dan mucha felicidad cuando acabas, es muy saludable, económico y agradecido. Cuando hablamos de mi papá la cosa cambia. Él es más desastre, cuando iba en el carrito pasaba un poco de miedo, en muchas ocasiones me tambaleaba y se «picaba» con sus amigo. Temía el día que me llevaba a correr con el grupo de papis, aunque allí tenía otro compi de carrito. Él siempre dice que la oficina, los bares y las líneas de salida, están llenas de valientes con excusas y que la realidad está en adaptarse a las circunstancias y sacar el volumen o entrenamiento establecido en la semana, que la base del progreso está en la constancia. Y que más hace el que quiere que el que puede.

Por ejemplo del grupo de papis que había ya ninguno viene a entrenar o no hace las cosas como deben, todos están gordos como dice mi padre, y el que era mi compi de carrito ahora también tiene sobrepeso, se harta de jugar a la vídeo consola y come muchos pasteles en los desayunos del recreo, siempre le digo que esa comida no es buena, como me enseñaron mis padres, y él dice que es lo que le dan en casa, que a menudo le gustaría venir conmigo a correr, pero que los padres discuten continuamente por ver quien elige la serie que van a ver en la tele o la peli que echan el domingo, el sábado o en la sobremesa de la semana. Me da pena mi viejo compi de carrito. Yo corro cuatro días en semana, o hago senderismo, y disfruto de la naturaleza al menos dos veces al mes, me turno entre mis padres y se organizan perfectamente la semana. A veces no podemos entrenar, pero eso no es una excusa, la mayoría de los días se organizan muy bien. Mi padre me está enseñando el arte de la productividad. El deporte hace que también me mantenga más alerta en mis tareas y deberes, aunque solo tengo 9 años, sé que todos los días tienen 24 horas y que una vez que se van esas 24 horas ya no vuelven, que la semana tiene 168 horas y que no nos podemos permitir perder ni una sola semana, que hay que tener claro lo que hacemos y a lo que dedicamos nuestro tiempo y que es precioso disfrutar bien un día y saber que lo aprovechaste «a tope». Él siempre le da mucho valor al tiempo y a mí me gusta cómo me lo enseña jugando a ver quién aprovecha mejor las horas y disfruta más del día.

A mí me gustan los números y sé que en España corren más de cinco millones de personas y que de estas, tres millones lo hacen de forma habitual un mínimo de 3 veces por semana. ¿Sabías que de estas un 50% tiene trabajo estable y hace más de seis carreras al año? Por eso quiero ser corredor, porque me encanta esa maravillosa sensación de desplazarme mientras hago ejercicio, me encanta bajar montañas subirlas y correr por la montaña o frente al mar. Me encanta disfrutar con los amigos que hago en las carreras y disfrutar con los compañeros el tiempo está ahí y es el mismo para todos, creo que el principal problema es que las personas quieren hacer muchas cosas en el día y eligen mal las importantes. Mis padres me han enseñado la importancia del camino, no del destino y de disfrutar el momento, tengo mogollón de amigos que no hacen casi nada con sus padres y que solo salen de tapas o a ver a familiares continuamente, se les pasan las horas, días, semanas y meses…

Nosotros, en cambio, pasamos muchas horas juntos lo bonito de ir a la montaña es que disfrutamos de nosotros y hablamos de la belleza de todo lo que nos rodea y de las cosas que han pasado durante el día o la semana. Ahora pertenecemos a un grupo de personas felices que se hacen llamar la Comunidad Vidasana. Nos lo pasamos genial, estas personas les lleva el entrenamiento a mis padres, nos da motivación tienen un grupo de facebook y todos los meses hacen actividades para toda la familia, en ese grupo solo veo personas felices y alegres y nadie habla de cómo está el país, de lo mal de la economía, o del jefe que tienen.

Así que seño, lo tengo claro: yo quiero ser corredor como papá y mamá.

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