Llega la Navidad, una época de luces, regalos y peleas familiares por temas intrascendentales como “yo es que sé elegir mejor el vino”. Todo es paz y amor, excepto una cosa, nuestra subida a la báscula. Soy dietista, no soy muy amiga de ese aparato del infierno; pero bueno, es difícil convencer a la gente de que aunque el peso esté correcto puede haber un exceso de grasa, ¡a eso sí debéis temerle!

El otro día escuchaba en las noticias “el español ganará de media 4 a 5 kilos durante el período de Navidad”. Entendiendo que la Navidad comienza el 22 de diciembre y termina el 6 de enero, es decir, dos semanas, me parece inimaginable. El problema es que ya la tradición se ha perdido, los hipermercados han sentenciado su condena a muerte. Los mantecados y bombones comenzaron a pasearse por nuestros pasillos a comienzos de octubre, mezclándose con las calabazas de Halloween o los huesos de santo para los más castizos. La gente comenzó a comprar, si calculamos son tres meses comiendo dulces navideños, ya voy entendiendo esos kilos de más. El problema es que al acabarse la Navidad tenemos “la gran barrida”, ofertas al 2×1 y 50% en todos los turrones, lo que los alarga a mitad de febrero. En seis meses, ya comprendo los 4 o 5 kilos.

La Navidad comienza el 22 de diciembre, por lo que no deberían introducirse dulces de este período hasta esa fecha, como decimos muchos dietistas, come de temporada. Al igual que colocarlos en bandejas puede hacer que aumentemos ese picoteo, ¡qué para el mando no, pero levantarse para un turrón y un chupito de anisete, sí! Si queremos que los alimentos formen parte de nuestra decoración navideña podemos usar fruta desecada (orejones, higos,…) con frutos secos naturales. ¿Alguien ha probado los higos con una almendra dentro? ¡Pues no sabéis lo que os perdéis!

Las comidas navideñas, el otro gran terror, que no entiendo muy bien por qué, solo representan cuatro o cinco comidas de las 30 principales que haremos. Siempre digo que lo único que se debe tener cuidado en estas comidas es el alcohol. Primero, es muy perjudicial para el organismo; segundo, nadie quiere tener accidentes en estas fechas, sé responsable. El resto de comidas deben ser comidas saludables, como las que llevamos el resto del año, predominando los vegetales como las frutas y verduras. Otro buen consejo es el aumento de la actividad física. Los niños están de vacaciones, disfruta con ellos alguna escapada, en Almería hay rincones inigualables para hacer senderismo.

¿Podemos comer turrón en estas fechas? ¡Claro, pero con cabeza! No vale comerse una tableta diaria ni una caja de bombones al día, pero disfrutar en los días señalados de un dulce no mata a nadie, el problema es su consumo continuado en meses que no pertenece o comer como si se fuera a acabar el mundo en Navidad.

Mi consejo final, es que cuando comemos con alguien como estas fechas, que sea especial no lo hace la comida, lo hace la compañía. ¡Felices y saludables fiestas a todos!

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