Hace unos días que el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, ratificó su intención de reformar el reglamento de circulación para tener en cuenta los nuevos vehículos en las ciudades, como los patinetes eléctricos, y planteó exigir seguros que cubran los accidentes que puedan provocar también las bicicletas.

Grande-Marlaska mostró su firme intención de realizar esta modificación ante la aparición en los centros urbanos de vehículos y medios alternativos que están ocasionando pequeños conflictos de compatibilidad y convivencia y que, en algunos casos, podría derivar en accidentes en los que habría que dirimir responsabilidades. Por estas razones, el Gobierno y la DGT se han planteado la firme posibilidad de que el seguro a terceros para ciclistas deba ser obligatorio.

Entienden que estos nuevos modos de transporte, al menos en las grandes urbes y centros muy concurridos, pueden causar daños importantes a terceras personas si no circulan siguiendo una normativa, y que esas consecuencias deberían contemplarse y regularse y, por lo tanto, se haría necesaria una cobertura aseguradora en estos casos, un seguro obligatorio de bicicleta.

Es cierto que los ciclistas son los mayores perjudicados con la actual normativa, ya que en la casi totalidad de los casos son las víctimas de accidentes en los que se ven involucrados, y siempre los mayores perjudicados de estos accidentes. Pero sí que es cierto que en los centros urbanos sobre todo la convivencia entre peatón y ciclista en ocasiones vive en un limbo normativo. Es recurrente ver a ciclistas hablando por el móvil, circulando por aceras frente a carriles bici, e incluso no respetando la señalización aunque se trate de un semáforo en rojo. Esto ocurre, no se puede obviar, y las cámaras de la DGT son testigo de todo ello.

Estas actuaciones pueden provocar accidentes, sin duda, y ante esta situación se ha vuelto a recuperar el eterno debate sobre el tipo de medio de transporte que es la bicicleta, y si el seguro obligatorio para bicicletas se hace necesario o no. Es cierto que los servicios urbanos de alquiler de bicis ya contratan su seguro de responsabilidad civil propio, pero los ciclistas particulares no lo tienen en la casi totalidad de los casos.

Las críticas son manifiestas: en los países con mayor uso de la bicicleta, como Países Bajos, Dinamarca, Bélgica, Suecia o Finlandia, el seguro de ciclistas no es obligatorio. Eso sí, todos ellos posee planes nacionales de la bicicleta que no se preocupan por este seguro obligatorio, sino por una normativa que regule el uso de la bicicleta y lo fomente haciendo partícipe a toda la sociedad, con concienciación, aprendizaje de convivencia, contenidos formativos mínimos y gratuitos, promoción del uso de la bici, etc. Esto es lo que el sector ciclista viene demandando, como cura de base antes de pensar en obligar a los ciclistas a tener un seguro obligatorio para bicicletas.

La cuestión es si la bicicleta necesita un seguro obligatorio como el del resto de vehículos o no. Ya el director de Seguridad Vial del RACE, Tomás Santa Cecilia, afirmó este verano que los ciclistas incluso deberían tener un permiso de conducir para montar en bicicleta, similar al carnet por puntos del coche, además de un seguro obligatorio. Una opinión similar a la de la propia DGT. Entienden que todos los vehículos son parte del tráfico y necesitan regulación para no cometer temeridades como montar en bici bajo los efectos del alcohol o saltarse un semáforo y hablar por el móvil.

Muchos ciclistas ya le han respondido que eso ya es ilegal por ley, publicada en el Real Decreto 1428/2003 en el reglamento de circulación, así que se puede vigilar y multar en consecuencia. De hecho, el pasado año hubo 2404 casos registrados en los que el accidente se vio provocado por el incumplimiento de las normas viales por parte de un ciclista. Eso sí, la inmensa mayoría carecía de un seguro.

Fuente: Brujulabike.com

Imagen: Tito Sánchez Núñez/TRI-Sport

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