Cuando hablamos de tonificar nuestros músculos y perder peso inevitablemente tenemos que hablar de tiempo. La época de la inmediatez parece haber atrapado también al deporte y, tras el desembolso de dinero en equipamiento deportivo, queremos también resultados visibles en pocas semanas. Como si nuestro cuerpo fuera capaz de soportar un cambio tan brusco, como si dos meses de ejercicio consiguieran acabar con nuestros complejos más ocultos.

Sin embargo, el High Intensity Interval Training (HIIT), no es una rutina quemagrasa milagrosa para deportistas profesionales. La moda también tiene sus peligros y defectos, así, y pese a que la bajada de grasa y la tonificación de músculos forma parte de la puesta a punto para las carreras, emplear este método sin control alguno puede reportarnos una serie de contraindicaciones capaces de dejarnos con el dorsal en la mano días antes de la salida.

El entrenamiento de series de alta intensidad supone que nuestra articulaciones y tendones trabajan con una carga de trabajo muy elevada, por eso, aquellas personas que tengan cualquier tipo de problema articular o muscular deben abstenerse de incluir este tipo de ejercicios en su preparación.

Por otra parte, si durante la puesta a punto para la prueba, el deportista ha optado por una dieta hipocalórica, realizar ejercicios de alta intensidad puede provocar mareos y, en casos más extremos, la pérdida de conocimiento. Asimismo, el incremento de la presión sanguínea desaconseja el HIIT a personas con enfermedades cardíacas.

Incluir una pieza de fruta antes del ejercicio o no dejar de lado la hidratación durante la actividad puede ayudarnos a aguantar las sesiones y combinarlas con otro tipo de ejercicios. Las proteínas post entreno, en estos casos, es una recomendación que no se puede dejar de lado si no queremos sufrir contratiempos.

A veces las modas se basan en la rapidez y en la visualización de resultados. El HIIT tiene una serie de consecuencias positivas que han enganchado a una buena parte de la población. Sin embargo, cuando preparamos nuestros objetivos las agujas del reloj quedan a un lado y, aunque la intensidad resulta imprescindible, la obtención de resultados puede esperar si la consolidación de logros merece mucho más la pena.

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