La columna es una región anatómica que se lesiona con relativa frecuencia en el deporte. No todos predisponen de la misma manera. Los que más predisponen a provocar lesiones en la espalda son los llamados deportes de impacto, que son aquellos en los que debido a saltos, giros o malas posiciones, se produce la sobrecarga en los discos, sobre todo en los lumbares, y aparece la lesión. Entre las destacadas encontramos el fútbol, baloncesto, voleibol, tenis o ciclismo.

Es frecuente que acuda a la consulta un deportista, aparentemente desahuciado por otros compañeros para practicar el deporte que le gusta. “Me han prohibido correr” suele ser la coletilla al descubrirse una hernia discal en la resonancia de rigor, frase que suele venir acompañada de alguna lágrima o amago de ella.

Pero la pregunta es clara: tengo una hernia discal, ¿podré volver a hacer deporte?

¿Cómo se produce una hernia en la columna?

La columna lumbar está formada por cinco vértebras. Entre cada vértebra hay un disco que es una especie de almohadilla cuya función es amortiguar las cargas o los impactos, como si fuera un muelle. El envejecimiento del disco intervertebral provoca un descenso en la altura de la columna con una tendencia a la migración hacia atrás de dicho disco debido a que dicha «almohadilla» ha perdido agua y elasticidad, y con ello, su capacidad de amortiguar los pesos y las cargas. Esto provoca un estrés en las carillas articulares de la columna y un envejecimiento prematuro de la misma. Más del 90% de los cuadros de hernia tienen lugar en dirección posterolateral a nivel de las vértebras L4-L5 y L5-S1, con la consiguiente compresión de los nervios correspondientes L5 y S1.

Esto hace que haya dolor en la parte baja de la espalda (lumbalgia) asociado o no a dolor en la pierna, es muy frecuente. Es posible que el deportista se haya quedado “enganchado” con algún movimiento brusco como puede ser en el gimnasio o al bajar de la bicicleta. Dicho dolor es causado por alteraciones de las estructuras que forman la columna vertebral a ese nivel: los ligamentos, los músculos, los discos intervertebrales y las vértebras. Este dolor lo llamaremos como agudo si dura poco tiempo, unos días o unas pocas semanas. El dolor se define como crónico si dura más de tres meses. La columna lumbar es el segmento final de la columna vertebral y la zona que soporta más peso. Por ello, las lesiones son más frecuentes.

El paciente nota dolor en la parte baja de la espalda irradiado a ambas nalgas o a una sola, pudiendo llegar por la parte posterior del muslo hasta el pie. Dependiendo del nivel donde se encuentre la hernia, así notará el dolor el paciente. El dolor se incrementa con las actividades como levantar el peso, inclinación del peso hacia delante, estornudar o toser o al sentarse y disminuye con el reposo y el descanso en la cama siempre y cuando se coloque una almohada debajo de las rodillas para mantener éstas flexionadas. Cuando la raíz dañada es la L5, el dolor se irradia hacia el lado posterolateral del muslo, la parte posterior de la pantorrilla y la parte interna del pie. Cuando se afecta S1, la ciática muestra una distribución similar en el muslo y la pantorrilla pero se irradia a la parte lateral del pie. Son muy característicos los episodios de dolor recurrentes, es decir, que el paciente al que inicialmente se le pauta un tratamiento con corticoides intramusculares, mejora de forma importante. Sin embargo, es muy frecuente que recidiva el dolor si el paciente no modifica su actividad laboral o si sigue «maltratando» la espalda.

El paso siguiente es verificar si hay o no hernia discal mediante una Resonancia Magnética Nuclear. Es interesante la realización de una Rx de columna para valorar y descartar la presencia de lesiones asociadas como tumores, fracturas o procesos reumáticos. Con ambas pruebas podremos valorar el tamaño de la hernia, si la hay, su localización y el daño a las estructuras vecinas. También es importante a la hora de planificar la posible cirugía.

¿Puedo hacer deporte con una hernia discal?

La mayoría de los pacientes responden al tratamiento analgésico con antiinflamatorios, relajantes musculares y reposo. Para reducir la presión del disco hacia la raíz, los pacientes suelen dormir de lado, evitando permanecer en pie o sentado. El tratamiento más eficaz consiste en inyecciones intramusculares de corticoides, los cuales provocan un efecto antiinflamatorio muy potente. No conviene abusar en cuanto repetir los ciclos de inyecciones, no más de dos o tres ciclos al año. Es importante no hacer ejercicio mientras haya dolor. Hay que tener paciencia y esperar a que el dolor haya desaparecido.

Una vez resuelto de episodio de dolor, es importante PREVENIR. El trabajo de fuerza para tonificar CORE resulta fundamental. La tonificación de la musculatura abdominal (recto anterior, oblicuos y transverso así como cuadrado lumbar y msuculatura intrínseca de la espalda) es FUNDAMENTAL. Ejercicio mediante piscina, TRX o Kinesis, resultan de lo más últil.

Cuando el dolor ha cedido de manera importante, se puede complementar el tratamiento con fisioterapia. Su objetivo debe ser reducir la contractura muscular y aliviar la sintomatología.

El primer escenario que nos podemos encontrar es que el dolor desaparezca. Es vital que sigamos haciendo trabajo de fuerza al menos dos veces a la semana. Podemos comenzar a correr de forma progresiva siempre y cuando no haya dolor. Se debe incrementar la duración e intensidad de la salida un 10% semanal. Si hubiera dolor, volvemos a parar.

El escenario más preocupante es cuando han trascurrido al menos dos meses con tratamiento conservador a base de medicación y tratamiento fisioterápico, y el dolor no ha remitido, podemos plantearnos varias opciones:

  • Infiltraciones intradiscales: se suele introducir ozono intradiscal para poder reexpandir el disco que se ha colapsado, y así, mejorar la presión sobre la raíz del nervio que se encuentra comprimida. Se hacen con anestesia local y de forma ambulatoria, no precisando que el paciente quede ingresado.
  • El tratamiento quirúrgico se reserva para casos en los que el dolor no se controla con lo expuesto con anterioridad, o si hay una progresión o empeoramiento de la sintomatología como una parálisis de alguna raíz nerviosa, retención de orina o pérdida de control de esfínteres, en resumen, cuando la calidad de vida del paciente se resienta. El objetivo de la cirugía es aliviar la presión. El procedimiento lleva consigo un pequeño «raspado» de las carillas posteriores de la vértebra llamada laminectomía, con la extirpación del fragmento discal que comprime. Nosotros realizamos esta técnica con una miniincisión, con anestesia raquídea (de cintura para abajo) y con una noche de hospitalización. El alivio de los síntomas es espectacular y el resultado es satisfactorio en el 85-90% de los pacientes. Únicamente en el caso de 5% de los pacientes intervenidos se aprecia una recidiva de la hernia.
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