Seguro que alguna vez te ha pasado. Estás junto a la familia amigos o vecinos de al lado, llegas a esa cita con una leve cojera, en esos momentos tu cabeza piensa… (antes de que los amigos lo hagan), tienes unas agujetas de caballo, tus piernas están como piedras y el cuerpo tan dolorido y te cuesta trabajo hasta sentarte. Con cada movimiento sientes esa agridulce sensación de molestia bajo tu tren superior. Son las secuelas de la maratón del día anterior. A todo esto, ese amigo pesado va y te dice: “¿Tío, que te pasa?”. Tú, con una sonrisa de oreja a oreja, le respondes: “Ayer corrí una carrera importante de mi calendario y hoy estoy con agujetas”.

Así podría empezar una historia de la típica reunión de amigos de un corredor popular cualquiera. Los amigos, al verte así, responden: “Si te duele y sufres tanto, ¿por qué lo haces?”. Y aquí surge la esencia de nuestro deporte. Lo hago por los momentos, las vivencias y las diferentes sensaciones que experimentamos el día de la prueba junto a personas que, en muchas ocasiones sin conocerlas, las abrazas, lloras y disfrutas con ellas. Lo hago por las historias que quedarán grabadas en mi mente hasta el día en que mi corazón deje de latir.

Lo bonito de este deporte es que te enseña multitud de valores positivos y estos nos forjan como personas, las carreras populares son lugares donde la amistad, el esfuerzo, el sufrimiento y el placer se unen en una experiencia única e irreemplazable donde el trabajo previo realizado te pondrá en el lugar que mereces. Así son los deportes de resistencia una armonía y combinación casi mágica que se crea cuando unes los pilares básicos: entrenamiento, nutrición y descanso. Al trabajar en equilibrio con ambos ingredientes, experimentas un progreso constante que hace que estos deportes te hagan adicto a esas mágicas sensaciones y experiencias creando multitud de historias, día a día, semana a semana, temporada tras temporada.

Este es el camino hacia las diferentes metas y objetivos, el trabajo diario y la aplicación de constancia, disciplina, pasión y tiempo. Todo esto te hará que poco a poco te enamores de ese proceso de mejora y será lo que te haga forjar esas mágicas historias que un día, pasados los años, los cientos de carreras, las miles de quedadas y los millones de sonrisas te harán ser ese gran abuelo con historias que contar.

Imagina ese hombre o mujer castigado por el tiempo con una vitrina llena de medallas de finisher y un montón de fotos en la tablet más unas siete u ocho fotos enmarcadas de las gestas más emblemáticas puestas de forma que te hacen sonreír cuando las ves cada mañana y te hacen sentir orgulloso/a de esas magníficas historias. Ese abuelo/a, anciano/a podrías ser tú dentro de 30 o 40 años, piensa como te encontrarías si te cuidases e hicieses las cosas bien. Concédete tres minutos y piensa. ¿Cuál es tu historia?

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