El efecto del entrenamiento que todo el mundo oculta

Hidratarse con precaución o no ingerir grandes cantidades de alimento antes de realizar ejercicio son algunos factores de riesgo que conviene evitar para prevenir la reacción vagal

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Hay que entrenar todo. El cuerpo, la mente, la constancia. Y las ganas. Dentro de un buen entrenamiento también está la alimentación. El ejercicio físico pierde su eficacia si no se acompaña de una buena alimentación y si el estómago no se adapta a los cambios de hábitos y rutina que está experimentando. 

El entrenamiento se cuela en la agenda de los deportistas neófitos de forma repentina. El cuerpo se tiene que adaptar a ese cambio y aunque se lleve a cabo de forma escalada , necesita tiempo. Meses y constancia. Un entrenamiento libre, que no sigue días ni horas no nos ayudará a conseguir nuestros objetivos. El deporte, además de esfuerzo, se alimenta de reglas.

Hay una parte del entrenamiento que tiene mucho que ver con el estómago. Y de la que nadie quiere hablar. Comer es necesario pero hacerlo mal o a deshoras puede provocar un cataclismo estomacal que lleve al deportista a vomitar tras el entrenamiento. Esta reacción es bastante frecuente para aquellas personas poco entrenadas que se sobrepasan con las horas de entrenamiento y el esfuerzo que emplean. Si no se tiene la condición física para el tipo de actividad deportiva que se está llevando a cabo, si la máquina se fuerza, se pueden producir este tipo de consecuencias.

Nuestro cuerpo convive con un nervio vago que se encarga de moderar la actividad cadíaca cuando esta se desboca. Cuando nuestro corazón se acelera bombea mucha menos sangre y nuestra presión arterial cae en picado. Esto puede provocar mareos, naúseas, vómitos y hasta pérdidas de conocimiento. 

Pasar a la fase de enfriamiento tras una carrera, respirar, o andar unos minutos antes de abandonar por completo el ejercicio podrían evitar la este tipo de consecuencias del entrenamiento. Al igual que lo pueden hacer eliminar factores de riesgo como los siguientes: 

Exceso de comida 

La clave está en desayunar adecuadamente por las mañanas, tomar un tentempié a media mañana e incluso un gel de absorción rápida antes del ejercicio y dejar las grandes ingestas de alimento para después.

Deshidratación

Beber aunque no se tenga sed es el secreto para mantenerse hidratado durante una prueba o evento deportivo pero también durante el entrenamiento. No esperar a que nuestro cuerpo no pueda más para darnos un atracón de agua o de cualquier otra bebida podría evitar la reacción vagal.

Exceso de líquidos

Beber es bueno pero sin grandes atracones. Algunos deportistas beben hasta hincharse. El problema es que al sudar, nuestro cuerpo también necesita sodio.

Alergia 

Existe una rara, pero potencialmente peligrosa, manifestación alérgica denominada anafilaxia inducida por ejercicio (AIE). Como su nombre indica es alergia a un determinado alimento que solo se desencadena con el esfuerzo.

 

Fuente: El País

 

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