Dormir bien y durante las horas necesarias o dejar descansar a los músculos después de varias sesiones de entrenamiento son nociones imprescindibles que todo deportista debe tener en cuenta.  El descanso es el gran olvidado del entrenamiento, sea cual sea la categoría en la que compites o la prueba sobre la que estás trabajando. La planificación de este elemento, sin embargo, debe ser lo primero que debemos hacer si queremos obtener buenos resultados.

Hoy día muchas de las soluciones a las grandes cuestiones del deporte suelen pasar por la pantalla de un ordenador. Lesiones, ejercicios o datos sobre dietas o planes de nutrición están al alcance de nuestra mano con, tan solo, pulsar un botón. Sin embargo, los buscadores internacionales de Internet echan de menos una búsqueda poco recurrente pero sí importante.

Los neófitos en esto del deporte suelen tenerlo claro: «Cuánto más entrenamiento, mejores resultados». Sin embargo, en este caso, la calidad no está directamente vinculada a la cantidad.

Las horas de entrenamiento pasan a ser solo un número, una cifra que solo consigue agotar el cuerpo sin que los resultados lleguen a ver la luz. La calidad del entrenamiento está directamente vinculada a los logros y esos propósitos pasan por el descanso.

Hace siglos que el hecho de dormir viene atormentando al ser humano. Ese proceso tan relajante y beneficioso ha castigado las mentes de profesionales de la medicina pero también de psicólogos y humanistas, que han pasado horas intentando vislumbrar lo que ocurre en nuestro interior cuando nuestros ojos se cierran y nuestro cerebro reduce, en cierta medida su actividad.

El descanso permite reducir el estrés y nos hace más felices. Además, en el caso de los deportistas es capaz de aumentar la producción de testosterona y recuperar nuestros músculos tras sesiones de entreno. A nivel psicológico, pasar las horas necesarias en el mundo onírico nos aporta más energía, por lo que nuestros entrenamientos serán de mayor calidad y nos enfrentaremos a ellos con una mejor actitud.

Las nociones sobre el descanso son claras y están en nuestra conciencia desde que somos pequeños. Dormir ocho horas seguidas durante la noche nos aportará una serie de beneficios psicológicos pero también corporales que nos ayudarán a conseguir nuestros objetivos.

Un elemento más del entrenamiento 

Entrenar siete días a la semana durante años puede pasarnos factura y desembocar en lesiones. Numerosos campeones olímpicos han dejado un día a la semana para recuperarse.

Existen muchos detractores a este respecto. Los datos, sin embargo, son demoledores: la mayor parte del as lesiones vienen dadas por el exceso de entrenamiento.

La conciencia puede ser un hándicap y lograr convertir un día de descanso en un día productivo puede llevarnos un tiempo. Hacer otro tipo de ejercicio más moderado una carrera suave evitará el remordimiento y permitirá a nuestros músculos descansar, aunque no con la mayor solvencia.

Dedicar el día de descanso a recargar pilas y a mimar nuestros músculos es tan importante como una sesión de entrenamiento de gran intensidad y nos permitirá estar preparados para los nuevos retos que nos depara las próximas jornadas de entrenamiento.

¿Cómo sé cuando necesito descansar?

Las jornadas de descanso vendrán directamente vinculadas a nuestros propósitos pero también a las necesidades de nuestro cuerpo. Aunque muchas veces se hace imposible escucharlo cuando nuestros objetivos están tan claros. Es por esto que existe una forma de controlarnos de un modo exhaustivo.

Estar una semana sin entrenar y medir nuestras pulsaciones nada más levantarnos apuntando los resultados nos permitirá tener una visión de nuestras constantes vitales más objetiva. De este modo, cuando durante de la semana de entrenamiento midamos nuestras constantes y estén por encima de los normal significará que nuestros músculos están bombeando sangre por encima de lo normal y que, por lo tanto, debemos dedicar tiempo a ese gran olvidado del entrenamiento: el descanso.

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