Este fin de semana nuestros relojes se han adelantado una hora, dando paso al horario de verano y dejándonos en manos del ocaso primaveral. Existen muchas consecuencias en nuestro organismo tras este fenómeno, que se repite cada año y sobre el que cada vez asaltan más dudas.

Durante la madrugada del domingo las 2 fueron las 3. Esto obligó a muchos a dormir una hora menos, las rutinas fueron cambiando al tiempo que lo hacían las manecillas del reloj. Comimos más tarde, estábamos más cansados y durante las noches posteriores dormimos poco y mal.

Este proceso es habitual. El humano es un ser de costumbres. De hecho, son muchos los estudios científicos los que señalan que mantener horarios y rutinas a la hora de dormir o comer son hábitos idóneos para cuidar de nuestra salud. El reloj biológico de las personas aún está adaptándose a este cambio. Las consecuencias sobre la salud son muchas y van desde el aumento de la presión arterial y el riesgo de sufrir un infarto al incremento de los accidentes laborales o de tráfico provocados por la falta de sueño. 

Tener más horas de luz mantiene a nuestro organismo activo. Atrasamos nuestra cena y nuestras costumbres pero el sueño no llega. La práctica deportiva es el aliado perfecto para conciliar el sueño. Este hecho unido a otros hábitos como el de cenar dos horas antes de meternos en la cama ayudará a que Morfeo llegue mucho antes.

Calzarnos las zapatillas y salir a correr, sin embargo, puede traernos consecuencias negativas si no lo hacemos en el tiempo necesario. Hacer deporte inmediatamente antes de irnos a dormir despierta nuestro organismo e impide dormir bien. Adaptar nuestros horarios atendiendo a esto debe ser primordial si no queremos que la carrera sea contraproducente.

La solución pasa por el sol. Aprovechar el cambio y adaptar nuestras rutinas, dando a nuestro organismo la cantidad de luz que necesitamos para comenzar el día, puede ayudarnos a atravesar el trance de la mejor forma posible. Hacer deporte a primera hora de la mañana o asegurarnos de que durante la noche no se cuela ni un ápice de luz por las rendijas de nuestras ventanas, puede ayudarnos a conciliar el sueño y a mejorar nuestro día a día.

 

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