Dopaje es una palabra maldita, por lo menos para los que amamos el deporte como vehículo para tener una vida sana. En los deportistas profesionales, la marca del doping es un estigma que te perseguirá allá donde vayas y hagas lo que hagas y si no que se lo pregunten a Lance Armstrong.

Últimamente otro icono del deporte de las dos ruedas se encuentra bajo la lupa por un positivo, concretamente por salbutamol. Es un broncodilatador que se usa frecuentemente en los asmáticos. De hecho, a dosis normales no se considera positivo, pero en el caso en cuestión, con Chris Froome, la dosis encontrada supera con mucho lo permitido. Su respuesta, soy asmático. Hasta ahí bien. El porcentaje de asmáticos en el deporte profesional es muy superior al de la población en general. El problema es que para alcanzar esa dosis encontrada en la sangre de Froome, debería haberlo ingerido oral o bien intramuscular porque inhalado es materialmente imposible. Raro.

La lucha contra el dopaje es la lucha por la salud del deportista. Detrás de la búsqueda de un mayor rendimiento se esconden los efectos perjudiciales de los productos dopantes que es más de una ocasión se han llevado por delante al deportista. El tema es, ¿por qué alguien que tiene un trabajo y una vida más allá del ejercicio y usa el deporte popular como hobby, se dopa?

La respuesta será la de siempre, vanidad. Queremos ser los más rápidos de mi club de running, o los más fuertes entre el grupo de whatssap de mi club de triatlón o el que más kilos levanta en el gimnasio al que voy. La gente que lo hace no se da cuenta de los riesgos que corre, de lo artificial de las marcas conseguidas y de la posibilidad de sufrir consecuencias irreversibles para el organismo. La lucha contra el dopaje es para proteger al deportista, evitando la exposición a productos no saludables con el objeto de aumentar el rendimiento deportivo.

La aparición y extensión del doping se debe, en gran medida,  factores externos y ajenos a la propia esencia y principios del deporte. La automedicación que es cada día más frecuente en nuestra sociedad, la presión que se ejerce sobre el deportista para correr más rápido, saltar más alto y llegar más lejos por parte de la sociedad y medios de comunicación, los sponsors y casas comerciales e incluso el programa de becas del Comité Olímpico Español que van asociadas a resultados.

Mediante el dopaje se persigue desde aumentar la masa muscular y la resistencia a la fatiga incrementando la capacidad cardíaca y pulmonar hasta reducir las situaciones de estrés, frustración y ansiedad que genera la competición o estimularse. Es una práctica más propia del deportista profesional pero, últimamente hay un incremento en el uso de esta práctica entre deportistas amateurs con la esperanza de evolucionar de forma rápida para obtener resultados favorables y dar el salto al campo profesional.

En resumen, el doping se utiliza para obtener el triunfo o intentar conseguirlo con un menor esfuerzo, aumentando el rendimiento de forma artificial.

 

Sustancias prohibidas en el deporte

Las siguientes clases de sustancias están prohibidas por el Comité Olímpico Internacional (COI):

  • Estimulantes como la cafeína.
  • Narcóticos, tranquilizantes y ansiolíticos.
  • Fármacos betabloqueantes cardíacos: mejoran el rendimiento disminuyendo la frecuencia cardíaca para resistir mejor el esfuerzo máximo.
  • Diuréticos para eliminar líquidos y conseguir bajar de peso de forma rápida.
  • Esteroides anabolizantes: ha sido el fármaco estrella hasta hace bien poco, ya que se ha puesto mucho énfasis en su detección. Son los que producen un mayor efecto a nivel de la masa muscular, aumentando su volumen y resistencia debido a la retención de líquidos que provocan. Sin embargo, su uso no está exento de complicaciones a nivel del organismo como problemas hepáticos, desajustes hormonales, impotencia, tumores entre otras complicaciones.
  • Otras hormonas como la hormona de crecimiento e incluso la propia insulina. Ambas son anabolizantes, es decir, aumentan el metabolismo en general.
  • Drogas como la cocaína o la marihuana.
  • Otra práctica dopante muy extendida últimamente son las autotransfusiones. Esta práctica consiste en extraerse una cantidad determinada de sangre, normalmente alrededor de 400 cm3, dejarla almacenada en un frigorífico y volver a infundirla en los momentos donde la competición lo exija, como antes de un partido o una etapa clave. No deja rastro pero hay un índice indirecto que puede demostrar que un deportista se ha dopado de esta manera. Es con el cálculo del hematocrito; consiste en medir el número de hematíes o células que transportan el oxígeno. El porcentaje de hematocrito sea entorno al 35%. Se considera doping cuando la tasa de hematocrito en sangre se encuentra por encima del 50%. Esto quiere decir que ha habido un aporte extra de sangre y por eso hay ese porcentaje tan alto. El hecho de que haya demasiadas “células rojas” que son las que transportan el oxígeno es porque el rendimiento es superior y la fatiga menor. Sin embargo, como riesgo potencialmente asociados se encuentran la posibilidad de sufrir una trombosis o una embolia a nivel pulmonar o cerebral. Un efecto parecido al que se consigue con la autotransfusión es la inyección de eritropoyetina, conocida como EPO. Es la hormona que, cuando se activa, facilita la formación de células transportadoras de oxígeno.
- Publicidad -

Dejar respuesta

Escriba su comentario
Indtroduzca su nombre