De pequeña, escapaba de su casa en Teleorman por la ventana para ir a entrenar una hora. Ya mayor, escapó de Rumanía para buscar una vida mejor en España. Sus zapatillas, las que tantos éxitos le habían dado ya en su país, le llevaron hasta Almería. De ello hace ya 21 años. Emilia Paunica es desde entonces una almeriense más y ha dado al deporte de nuestra tierra una colección de medallas internacionales cuyo número, sin lugar a dudas, va a seguir creciendo en las próximas décadas.

Con siete años empezó a correr. Lo hizo en la modalidad de cross, donde ganaba a todo aquel atleta, chico o chica, que se le pusiera al lado y al que dejaba siempre atrás. De ahí pasó al centro de alto rendimiento que la federación de su país tiene con sede en Bucarest, donde ya comenzó a residir y estudiar. Allí, Emilia Paunica ya era una de las atletas más destacas de Rumanía, pero con 25 años emprendió la aventura de su vida. «Rumanía no estaba todavía en el Espacio de Schengen y traspasamos la frontera totalmente ilegal», cuenta en lo que es «una historia súper bonita». «Era 1997 y no tenía miedo a nada; hoy, tampoco».

Llegó a Almería y comenzó a trabajar en un invernadero en Balerma (El Ejido). Se iba en coche y volvía corriendo a las ocho de la tarde, después de cargar camiones de tomates y pepinos. «Así no iba al gimnasio. Terminaba, me lavaba los pies, me ponía las zapatillas y a entrenar», recuerda. Así estuvo diez meses, hasta que consiguió el permiso de residencia. «Tuve la suerte de encontrar unos jefes buenos, como Manolo, que me ayudó mucho», narra. Posteriormente trabajaría en una cafetería y también como intérprete con la Guardia Civil.

Emilia Paunica, en el Estadio de La Juventud Emilio Campra. | Tito Sánchez Núñez/TRI-Sport

En Almería buscó dónde entrenar y llegó al Estadio de La Juventud en El Zapillo. Esa ha sido prácticamente su segunda casa durante la última década. El primer día que acudió, se encontró con Antonio Zarauz, con quien empezó a entrenar integrándose en su grupo. «En unos meses con él volví al nivel que tenía en Rumanía», comenta. Luego trabajaría con Antonio Orta.

Por su condición de extranjera, no podía competir con España en sus primeros años. Consiguió la nacionalidad en 2005, coincidiendo con los Juegos Mediterráneos que se celebraban en Almería, pero una inoportuna lesión dejó a la almeriense fuera de combate para la cita. «Siempre tuve el hándicap de la nacionalidad y cuando la conseguí era ya un poco mayor», explica, aunque «competí hasta los 37 años en categoría absoluta». «Ya en máster sí nos gusta cumplir años, porque cuando cambias de categoría eres el más joven y esa ilusión siempre la tenemos», dice entre risas.

Estaba entre las mejores atletas nacionales de 100, 200 y 400 metros, pero al no poder competir a nivel internacional con España saciaba su sed en encuentros en los que «se ganaba bastante dinero, y sobrevivías así; también existían becas en el deporte que nos ayudaban y que espero que algún día regresen porque los deportistas de Almería lo necesitan».

Y entonces llegó Emilio Campra, al que siempre recuerda emocionada. «Ha sido como mi padre aquí, mi amigo». «Desde que llegué, siempre quiso entrenarme», cuenta Emilia Paunica, que ya en Bucarest estudiaba la técnica de lanzamiento de peso del histórico entrenador almeriense y donde jamás se imaginaba que un día entrenaría bajo sus órdenes y en el estadio que hoy lleva su nombre. «Lo veía con tanta pasión que decidí entrenar con él; era su única atleta después de muchos años que lo dejó y se volcó tanto que conseguimos muchas medallas en máster», rememora, aunque «también nos peleábamos y a veces hasta se dormía cuando estábamos entrenando, siempre con el periódico bajo el brazo». En el recuerdo hay risas, pero sobre todo mucha emoción. «Su imagen es siempre lo primero que busco cuando acabo las carreras. Cuando salía a competir me llamaba cada media hora y me daba consejos. Para mí ha sido el mejor y solo tengo recuerdos bellísimos de él».

En los últimos años, Emilia ha continuado sumando medallas a su palmarés. Este 2018, afrontaba el Campeonato de Europa máster, reconoce, sin demasiadas aspiraciones. Después de prácticamente un año sin entrenar a causa de una lesión, la almeriense no se veía en el podio «ni siquiera un mes antes». «Con los años, recuperas de las lesiones más lento, pero puse todo de mi parte y una vez en la pista me transformé», relata Emilia, cuyo resultado en ese Europeo fue de un oro en 200 metros, «dedicado al niño Gabriel, que fue mi inspiración», un bronce en 60 metros y un récord de España en el relevo de 4×200.

La atleta almeriense ha ganado este año el oro europeo en 200 metros. | Tito Sánchez Núñez/TRI-Sport

Todas las medallas que ha ganado en esta década tiene un significado para ella. «Me quedo con todas porque cada una tiene su historia y me emociono con todas», cuenta, aunque sí que le falta algo. «La única espina que tengo es que solo he podido ser una vez campeona del Mundo indoor, en 200 metros, pero en el Mundial al aire libre no lo he sido todavía y tengo la ilusión de serlo», expresa.

A nivel laboral, Emilia Paunica, licenciada en Educación Física, pudo homologar sus títulos, convalidó todo y pudo comenzar a trabajar en lo que para ella es «una fuente de vida», el atletismo y el deporte. Hoy en día, a través de su página web ejerce como entrenadora personal y en el último año ha alternado España con Italia, donde ha trabajado como preparadora física del Bari de la liga italiana de fútbol. También puso en marcha en los últimos años su propio club, el Paunic Team, con el que cada año realiza pruebas de carácter solidario «con personas que lo necesiten por problemas de salud».

La atleta rumana que salió de manera ilegal de su país es hoy, 38 medallas internacionales después, una de las grandes estrellas del atletismo español. En estos momentos, con 46 años, es la quinta atleta nacional de la historia con más preseas internacionales en la categoría máster. Aún le quedan para llegar a las 70 que ostenta Emilio de la Cámara, aunque Paunica, avisa, tiene cuerda para rato y va a por el récord. «No me planteo retirarme, ni mucho menos, y si por mí es estaré hasta los 90 años, hasta que aguante», asegura.

Campeona en la pista y fuera de ella, Emilia Paunica es también ya una leyenda, legal y legítima, en el atletismo almeriense y nacional. En septiembre, su historia seguirá su curso en el Campeonato del Mundo que tendrá lugar en Málaga. Y ese récord de 70 medallas estará, seguro, un poco más al alcance de su mano.

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